Situado a pocos metros de las rocas que se sumergen en la bahía de Roses, testigo de las idas y venidas de los barcos de pesca y en pleno corazón del bullicio turístico de la Costa Brava, se erige la cúpula de madera de una joya arquitectónica totalmente fuera de lugar, un oasis donde el tiempo se para y las sensaciones se magnifican, un lugar que esconde dentro de sí la explosión de aromas y sabores que sólo se consiguen haciendo que los regalos del mar se abracen con los extraordinarios frutos de nuestra áspero suelo.

Un espacio donde sin perder de vista la funcionalidad, la arquitectura pone de manifiesto la personalidad y el carácter de Marc Descloux. Amante y ferviente defensor de la cultura y las tradiciones de la tierra donde se ha hecho mayor, recupera algo tan único y emblemático como el pavimento hidráulico catalán del siglo. XIX. 'Una suelo perfecto para tener los pies en la tierra' La cúpula en espiral, un recuerdo en madera herencia del padre y más propia de las montañas suizas, inspiran un punto de locura que permite soñar al descubrir algo extraordinario en la exactitud del método clásico, 'Quedar boquiabierto delante la simplicidad'